ely, maybe', de Adam Brooks. U.S.A. (2008)Will Hayes (Ryan Reynolds), ejecutivo especialista en campañas recoge a su hija Maya (Abigail Breslin) en el colegio. A la pequeña le han explicado de dónde vienen los niños y se muestra curiosa por saber cómo era su madre antes de nacer ella y porqué sus padres se divorciaron no hace mucho. Ante su insistencia, Will decide contarle una historia que abarca su vida, desde su llegada a Nueva York, pero ocultándole el auténtico nombre de las mujeres que han pasado por su vida para que no sepa de antemano quien es realmente su madre.
Así, comenzará contándole a su hija como abandonó el pequeño pueblo donde vivía, dejando a su novia de la universidad, Emily (Elisabeth Banks) en él, para trabajar en Nueva York, en la campaña electoral de Bill Clinton para la presidencia de los Estados Unidos. Trabajando en la campaña conocerá a la chica de la fotocopiadora, una alocada y simpática pelirroja llamada April (Isla Fisher), que tiene muy claro como quiere vivir. Pronto harán amistad y se sentirán levemente atraídos, pero Will tiene novia y April también, por lo que dejarán pasar el tiempo.
Del mismo modo, también conocerá a Summer Hartley (Rachel Weisz), una amiga de la universidad de Emily a la que debía entregarle un paquete, que sale con un escritor mayor que ella y es periodista, cuya atrevida personalidad también atraerá a Will.
A lo largo de los años, Will entablará relaciones con alguna de ellas y vivirá reencuentros con otras, aunque siempre estará presente en su vida April, a pesar de los vaivenes que las historias de ambos sufran durante los años venideros.
Toda la historia se ve salpicada por los ingeniosos comentarios de la pequeña Abigail Breslin, quien suele dar ese toque de madurez a sus personajes infantiles siempre, que está tremendamente interesada en descubrir cómo era su madre antes de que ella naciera para saber porqué se han divorciado y, sin que su padre lo sepa, será ella la que le ayudará a encontrar de nuevo el amor gracias a sus recuerdos del pasado.
Entretenida, una cinta romántica sin drama, con pequeños toques de humor, bien llevada y muy simpática que vuelve a jugar con el tópico de "lo tienes delante y no lo ves" que tanto se ve en estas cintas. Una agradable pequeña sorpresa que vi por pura casualidad en una época donde las series dominan mi parrilla.
Le doy un 7'1/10. Leer más...






Y es que las series históricas estaban calando, por primera vez, en la parrilla televisiva española. 



Como muchos habréis leído o visto ya, 'Thor' está dividida en dos partes muy diferenciadas entre sí: Asgard, el mundo dorado y perfecto de los dioses, y la Tierra, donde toda la acción transcurre en un pueblecito de Nuevo México. Ambas partes están conectadas por el puente de arcoiris que guarda Heimdall (un terrorífico Idris Elba), y que servirá muchas veces como nexo para saltar de un mundo a otro en la película. Thor irá cambiando cuando vea que no es digno de su antiguo poder y que sus actos irresponsables ponen en peligro la vida de todos los que le rodean. El conflicto entre Loki, que desea el poder para sí mismo, con un padre que le quiere pese a ser diferente y un hermano que también ha estado junto a él siempre y a quien envidia, Odin y Thor respectivamente, tiene una alta carga que recuerda a las tragedias clásicas (tal vez por la afición del director a Shakespeare, o tal vez solo me lo parezca a mí), siendo sus interpretaciones y conflictos los mejor conseguidos de la cinta.
La historia de amor entre Jane y Thor me resulta forzada, vacía y encajada como algo típico que todas estas producciones de Marvel deben contener. Portman no llega a tener en ningún momento química con Hemsworth, enamorándose cual colegiala de forma rápida y anodina. De igual modo, pese al conflicto interno que muestra Thor al encarar a su padre o a Loki, también es demasiado rápida y hueca su rendición ante la imposibilidad de poder recuperar su poder y volver a Asgard. E igual de rápido es ese buen humor que adopta por quedarse encerrado en un mundo que no es el suyo.
La parte de la película que transcurre en Asgard es la mejor llevada y más amena, puesto que la de Nuevo México se centra en que el Agente Coulson cerque la zona e interrogue a los protagonistas por tener algo que ver con el suceso, la relación de Jane con Thor y la redención del dios del trueno para volver a ser digno de blandir su martillo. 


Batiato le convence pronto para que le sea obediente y pelee por su casa si quiere volver a ver a su mujer con vida y que él los reuna. Sin embargo, el domine de la casa tiene otras intenciones mientras continúa conspirando en la ciudad para poder alcanzar una posición social mayor. Su mujer, Lucrecia (Lucy Lawless, más conocida como Xena), será su fiel apoyo en todas sus decisiones, ayudándole a conspirar (aunque a veces no comparta sus métodos), para alcanzar una mayor posición social, intentando principalmente influenciar en Ilithyia -una joven influyente de Roma-, la esposa del Legado Glabro que se hospeda en su villa.
Y por ello, no verá como en el corazón de su ludus se urde, poco a poco, alimentado por el miedo, el odio, el amor, la venganza, el desengaño y el deseo de no morir para que otros se diviertan, la rebelión de esclavos más famosa del Imperio romano liderada por aquel a quien considera su nuevo campeón: Espartaco.
Personalmente, la serie me ha parecido interesante. Los calvarios por los que pasa Espartaco, desde su decisión de huir con su mujer, la aceptación de su destino como gladiador y, finalmente, la venganza contra Batiato por arrebatárselo todo son reflejados casi a la perfección por Withfield. John Hannah y Lucy Lawless también bordan los papeles de mezquinos romanos aspirando al poder, al igual que los que encarnan a Solonio o a Ilithyia, o al sirio Ashur, que también busca su propio interés. Hasta gente aparentemente fría, los gladiadores, tienen sus momentos de debilidad y sus amores, como Barca y Pietro o Crixo con Naevia.













Para ello se valdrá de su tremenda habilidad de disfraz, con máscaras y pelucas que recrean el aspecto de las demás habitantes de la casa, así como sintetizadores de voz. Encima, ante la indecisión de Naru, el resto de chicas creen ver una oportunidad para que Keitaro las escoja a ellas y la maldición que pesa sobre un viejo edificio de la residencia Hinata, hará el resto, hasta que Naru decida si de verdad quiere a Keitaro en su vida.







